sábado, 12 de junio de 2021

EDUCACIÓN POLITICA









La falta de una formación mínima de conocimientos suficientes para discernir cuando una organización política comulga con tus convicciones, en algunos casos larvarias, o únicamente te está atrayendo con falsos ídolos ajenos a tu propio sentir identitario: regalándote los oídos y sucumbiendo a encantos espurios, tiene en nuestro país un trasfondo histórico que nos lleva al largo periodo dictatorial sufrido durante 40 años y las dañinas esquirlas que marcaron nuestra piel, la piel de quienes vivimos ese oscuro periodo siquiera de refilón, pero también el impoluto cutis de generaciones recientes.

Es cierto que nuestro país no es el único que ha caído en el argumentario de partidos políticos de extrema derecha, buscadores de resquicios donde meter sus mensajes xenófobos, machistas, peripatrióticos, patéticos del todo, indecentes y simplistas, en una Europa de la opulencia para aquellos que no quieren perder injustificados privilegios, señalando inquisitoriamente a migrantes de la miseria de otros.

Heidegger, considerado el mejor filósofo del Siglo XX, entendió que el hombre ha confundido históricamente el ser con el ente; el ser es algo distinto a la esencia, la esencia es el ente, es lo que llamó la diferencia ontológica: el ser lleva dentro todos los entes, a la vez que transciende cada uno de ellos, principiando por el primer de los entes, el ser ahí (Dasein) o cada hombre. Siguiendo a Aristóteles entendió que lo que es, el ser, no es exactamente lo mismo que ser, como universal por encima de géneros o especies. Estamos hablando de un tema fundamental en la filosofía, baladí para quienes ramplonamente entiende el mundo como dado a su provecho, trascendental para quienes ven más allá de apariencias.

Siguiendo con Heidegger: “El ser y su estructura están por encima de todo ente y de toda posible determinación de un ente que sea ella misma ente. El ser es lo transcendens pura y simplemente. La trascendencia del ser del ser ahí es una señalada trascendencia, en cuanto que implica la posibilidad y la necesidad de la más radical individuación. Todo abrir el ser en cuanto transcendens es conocimiento trascendental”. Con ello las ciencias tienen la forma de ser del ente hombre por cuando son modos de conducirse el hombre que designamos con el término ser ahí, así la investigación científica no es la única, ni la más inmediata forma de ser este ente ónticamente señalado.

También considerar el ser como dios fue una desviación teológica en la historia de la filosofía, sustitución del ser por el ente metafísico Dios, pues bien, para este movimiento falsamente libertario que nos invade en la política actual, renegado en otros tiempos por minoritario, cifran todo su esplendor en introducir entes: patrioterismo, pureza racial, rectitud sexual, machismo protector, justicia vengadora, todos sus idearios, sus desviados referentes, no son más que hechos contingentes.

Descendiendo a lo mundano, hay una pregunta que los analistas políticos y quienes nos sorprendemos de actitudes ilógicas formulamos: ¿por qué las gentes desfavorecidas en lo económico votan políticas manifiestamente contrarias a sus intereses? Intento dar vagas justificaciones que no me lleven a la famosa frase de Einstein sobre la estupidez humana y así, alguien que llega a un país distinto al de su nacimiento, dejando atrás familia y amistades, se sitúa en posición de privilegio que entiende peligra si se hace común a más migrantes. Esto mismo se puede transpolar a la permeabilidad de clase social, hoy solo basada en el poderío económico, que quien consigue no desea compartir.

Marco Aurelio Severo Antonino Augusto, conocido como Caracalla, gobernó el Imperio romano entre los años 211 y 217, durante la llamada Dinastía de los Severos. No fue un emperador de los más recordados, pero pasó a la historia al realizar la mayor concesión de ciudadanía de todos los tiempos (30 millones de personas), y así, el 11 de julio de 212 se publicó la Constitutio Antoniniana, el Edicto de Caracalla, que otorgó a todos los hombres libres del Imperio la ciudadanía romana plena y a todas las mujeres libres del Imperio los mismos derechos que a las mujeres romanas. Dos décadas después de que se publicara la Constitutio Antoniniana, el Imperio Romano entró en lo que se conoce como la crisis del siglo III, desorden político, económico y social que dividió al territorio en tres entidades separadas: el Imperio Romano, el Galo y el de Palmira. ¿Es este argumento suficiente para justificar políticas que combatan la inmigración?

Diferente, muy diferente es la situación actual. Hoy hablamos de migrantes, no de pueblos conquistados, y de derechos inimaginables para un periodo tan lejano de la historia, pero una cosa está muy clara, estar fuera del sistema puede ser muy pernicioso para el propio sistema, hay que integrar a todas las personas.

Sabemos que las élites económicas influyen en los partidos políticos afines por intereses, para poner en práctica sus modelos ventajosos y generadores de grandes beneficios a sus empresas, ¿cómo alguien al margen de estas prebendas económicas se posiciona afín, en perjuicio propio y de intereses? Estos partidos elitistas, camuflados de populistas, ponen el foco en algún tema puntual al que nadie escapa: si hace falta ser ultranacionalista se envuelven en la bandera patria y ondean levitando junto a ella; si hay que defender la pureza racial se acusa a los aprovechados migrantes del esfuerzo nativo; si lo que toca es la seguridad patrimonial pues a enaltecer la represión policial, eso sí, la seguridad ante violencias de género se diluye por los posibles errores judiciales; si la cultura se tiene que defender no hay nada como una buena corrida de toros que a todos nos eleva a la cima de la sabiduría. “Díganme un tema que les daremos la solución”, no hay nada como tener una buena educación privada, excluyente, segregada y sectaria para deambular por la vida y tener soluciones simples y sencillas, o ¿es qué no saben lo que es la Navaja de Ockham?

La ramplonería de estos partidos, natural o simulada, dependiendo del grado de delirio de sus dirigentes, nos lleva a plantearnos si esta deriva puede ser enderezada en un país talentoso, creativo y solidario que sufre durante mucho tiempo la superchería de vendedores de bienestar y que solo el poder les enerva. Cabría preguntarnos si por un error del destino todas las personas fuéramos acaudaladas y pudientes, sin necesidad de trabajar para subsistir, ¿estos particos querrían gustosos tal situación?

 

domingo, 30 de mayo de 2021

¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?

 

   

           

    En el libro del Génesis del Antiguo Testamento aparecen preceptos sobre el dominio que los humanos podemos ejercer sobre los animales, sobre todos los animales, pensamiento que se ha mantenido hasta nuestros días. Contra esta mayoritaria postura siempre han existido voces críticas como las de Zaratustra, fundador del mazdeísmo, que hacia el siglo IV a.n.e. consideraba a los animales dotados de alma por medio de la que entendían y sufrían del mismo modo que los seres humanos.  Un siglo antes, en la Grecia Clásica, Pitágoras entendió que los humanos y los animales tenían el mismo tipo de alma defendiendo el ser vegetariano porque por una pequeña porción de carne privamos un alma del sol, de la luz y del curso de su vida. Un siglo después la filosofía budista enseñaba la ahimsa o la no violencia y el apego a la vida de todos los seres vivos, incluidos los animales, y en la Edad Media San Francisco de Asís elevó la consideración de los animales a “hermanos” de los hombres.

    A pesar de lo dicho, no fue hasta la Edad Moderna donde se redactó la primera ley conocida en defensa de los animales en el año 1635 en Irlanda, The Statutes, por la que se prohibió fisurar lana de ganado ovino y atar arados a las colas de los caballos debido al enorme sufrimiento que padecían estos animales. Los nuevos movimientos cristianos que emergieron en ese siglo modificaron la concepción de las relaciones entre humanos y animales y así, en la colonia estadounidense de Massachusetts Bay, se redactaron leyes protectoras de los animales domésticos. En el Reino Unido, bajo la también legislación puritana de 1654, abundaron las leyes de protección animal prohibiendo Oliver Cromwell, durante su gobierno, las peleas de gallos, perros o toros.

    Con la Ilustración del siglo XVIII, se incrementaron las disposiciones legales en defensa de los animales, Jeremy Bentham, (1748-1832) padre del utilitarismo, consideró que la carencia de derechos de los animales contradecía la exigencia de velar por todos los seres dotados de sensibilidad. Lewis Gompertz fue el primer activista moderno y fundador en 1824 de la Londres Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA), al mismo tiempo que Henry Bergh en 1866 creaba en Nueva York the American Society for the Prevention of Cruelty to Animals.

    En el siglo XIX se multiplicaron las asociaciones que tenían como finalidad el bienestar animal, así en 1847 se creó The Vegetarian Society Portmouth, de la que Gandhi fue miembro, o The Humanitarian League de Henry Salt, reformista social, antiviviseccionista, vegetariano y contrario a la caza. Vemos como a través de los siglos la sociedad ha evolucionado y ha tomado conciencia de los derechos de los animales, unido en nuestros días con la irrupción de los Derechos Fundamentales, al movimiento de liberación animal y al movimiento ecologista.

    En sentido contrario nos podemos encontrar opiniones de pensadores ilustres como las de Descartes, que consideraba a los animales como simples máquinas, concepto el de “animal-máquina” que ha sido determinante para la filosofía posterior en Kant, Heidegger, Lévinas o Lacan y que ha recibido duras críticas del posestructuralista y posmoderno filósofo francés Jacques Derrida, por arrebatar la posibilidad al animal de ser reconocido como "otro"Kant parte de la consideración del hombre como un fin en sí mismo, legislador universal del reino de los fines, aptitud que solo puede ser reconocida a las personas como únicas con poder de coacción, de obligar; la coacción moral solo se puede imponer por un sujeto a otro en tanto que ambos son personas. Derrida, por su parte, considera la obligación de conceder derechos a los animales aunque estos no puedan detentar deberes y proclama otras formas de violencia que se ejerce sobre ellos, incluso por parte de quienes en nombre de “los Derechos de los animales” manifiestan consignas a favor de estos que no son sino otras formas de dominio y que incluye la antropomorfización, y la reducción de la animalidad a modos de ser distintos a su ser sustancial, dislate observado incluso en ciencias como la etología, zoología, ética animal, en lo que Derrida ha llamado “el fin del animal”.

    Peter Singer declaró que no se podía experimentar el dolor ajeno, tanto si el “otro” es nuestro mejor amigo, como si el “otro” es un perro callejero, y lo hacía para apoyar el pensamiento de Bentham cuando éste actuaba culpando a la tiranía humana, que la falta de derechos no alcanzara al resto de la creación animal, por cuanto solo había una cosa que podría trazar la línea divisoria entre lo humano y lo animal, la facultad de la razón, para terminar preguntándose si un caballo o un perro adulto no eran más racionales, y también más sociables, que una criatura humana de un día, una semana o incluso un mes. Como decían M. Horkheimer y T. Adorno: “En la guerra y en la paz, en la arena o en el matadero, desde la lenta muerte del elefante, vencido por las hordas humanas primitivas gracias a la primera planificación, hasta la actual explotación sistemática del mundo animal, las criaturas irracionales han experimentado siempre lo que es la razón”.

    La filósofa francesa Corine Pelluchon insta a poner fin a este trato degradante e integrar a los animales como sujetos en nuestra comunidad moral, en el marco de una nueva zoopolítica global y afirma, siguiendo a Derrida, que no son los espectáculos crueles en los que son expuestos y hasta sacrificados, ni el consumo de carne lo que los hace vulnerables, sino su eliminación como alteridad, como el “otro” del ser humano por la pérdida de sensibilidad de los hombres hacia su sufrimiento y por la sensiblería que alimenta la sobre protección de los animales como es el caso de los domésticos. Al reconocerse a los animales como seres sintientes, se retoma el postulado kantiano de los deberes hacia los animales como un deber del hombre para consigo mismo.

    La española Adela Cortina matiza la anterior posición sosteniendo que, aunque los animales tienen un valor interno y tenemos obligaciones hacia ellos, carecen de dignidad por faltarles la autoconciencia y la autoestima, con lo que no se puede considerar tengan derechos. A esto cabe decir que no le falta parte de razón a su posición, pero sin dejar muy claro cuáles son esos valores de los que habla, su propósito es sostener un diálogo con posiciones diferentes "que se oponen a la idea de que los seres humanos son los únicos que forman parte del núcleo duro de la ética" y la diferencia con Bentham y el utilitarismo parece radicar en el uso de la palabra “derecho”. Para nuestra filósofa, esta palabra connota derechos naturales previos al pensamiento moral, o anteriores a la formación de la comunidad moral, porque si no contamos con un concepto de naturaleza humana anterior al pensamiento moral, es imposible demandar a los legisladores que conformen las leyes a una perspectiva moral, postura que podemos considerar fundacionista. Los utilitaristas responderán que, si no insistimos en los derechos naturales, o derechos humanos anteriores a los dados por la sociedad, nos quedamos "inermes ante la voluntad de los legisladores y no tenemos ninguna base firme para exigir que se legisle en un sentido u otro, si no es por la pura presión social, que nunca puede ser un criterio de legitimidad”.

    En cualquier caso, atribuyendo valores inherentes, o derechos a los animales, la existencia de los argumentos para protegerlos es indiferente por no ser necesario atribuir o impartir derechos, ni dignidad, para afirmar de los animales que tienen valor, y si a lo largo de la historia los seres humanos siempre hemos utilizado a los animales para nuestras necesidades y diversiones sin preocuparnos de su sufrimiento o bienestar, solo podemos afirmar que únicamente desde las necesidades biológicas humanas se puede alterar el principio ético del bienestar animal que debe consagrar la legislación, el resto de necesidades desde su legitimidad, deben sucumbir ante el peso de los valores que acompañan a todos los seres vivos. Ni el deporte, ni la tradición, ni el divertimento, ni tan siquiera la supuesta culturalidad, pueden traspasar la frontera del respeto que se debe a quienes comparten con el ser humano esta morada común donde vivimos.


 

Isaías 66,3: “Quien inmola a un toro es como quien mata a un hombre; quien sacrifica a una oveja es como si estrangula a un perro; quien presenta víctimas para alimento es como el que ofrece sangre de cerdo”

domingo, 9 de mayo de 2021

JUSTICIA O BONDAD

 

       

Partiendo como casi siempre de los clásicos, para Platón la justicia es “la virtud que comprende o encierra todas las demás”, la bondad vendría a ser, siguiendo al filósofo alemán Alexander Gottlieb Baumgarten: “la determinación de la voluntad para hacer bien a los demás. El beneficio es la acción útil para otro”, lo que Aristóteles llamaría benevolencia.

En el mundo del Derecho se dice que toda norma tiene un bien jurídicamente protegido que da sentido al precepto y razón de ser a la restricción legislativa, así, en la violencia de género, podemos afirmar con el Pleno del Consejo General del Poder Judicial que es la dignidad de las personas, en el seno de la familia, lo que merece protección jurídica, además de otros bienes íntimamente ligados a ésta como la vida o la integridad física o moral.

Dos han sido los tipos de teorías éticas que han tratado de dar respuesta a la pregunta sobre qué leyes debemos cumplir atendiendo a la forma de articular lo bueno frente a lo justo, consecuencia derivada del grado de autonomía propia que, desde la Modernidad, han tenido las normas. Por un lado, podemos considerar las éticas teleológicas, que parten de lo que es bueno para los hombres y donde lo correcto es lograr el mayor bien posible, por otro lado, las éticas deontológicas, donde lo primero es decidir qué normas son justas.

Hablamos de tipos de teorías porque dentro de las éticas teleológicas, que persiguen el telós del ser humano (la felicidad en Aristóteles), se encuentran las que podemos llamar perfeccionistas, que proponen llevar a la perfección al ser humano ejercitando la cualidad que le es más propia (Nietzsche), junto a las hedonistas, que consideran que una decisión correcta produce los mejores resultados posibles, caso del utilitarismo.

Además, están las éticas deontológicas como la de Kant, imperturbables ante las consecuencias de las acciones a la hora de valorarlas moralmente, matizadas hoy día por los resultados tan extremos que pueden ocasionar. Se podría afirmar siguiendo a la filósofa valenciana Adela Cortina que las éticas teleológicas toman como prioritario el bien no moral para construir lo correcto o justo, moralmente obligatorio, oponiéndose a las deontológicas que parten de lo correcto o justo y, sin transgredir este marco, vivir con toda legitimidad lo que consideren su bien.

El filósofo y político norteamericano John Rawls, entendió que habían existido muchas formas de justicia y muchas leyes, instituciones o actitudes personales de las que reconocemos o no su justicia, confiriéndole solo a una de ellas la mayor importancia: la Justicia Social. El objeto de la justicia debería ser la estructura básica de la sociedad, forma en que las Constituciones Políticas o las principales disposiciones económicas o sociales deberían establecer y distribuir los derechos y deberes fundamentales, que determinaran la división de las ventajas provenientes de la cooperación social, satisfacción óptima de los intereses de todos y cada uno de sus miembros.

Que lejos estamos de este objetivo, la sociedad según su funcionamiento actual no obedece a los criterios de justicia, sesgada por intereses personales que merman su concepción pública que, según Rawls, perturban la asignación de derechos y deberes, la justa distribución de beneficios y cargas de la vida cooperativa.

La mayor crítica a los utilitaristas, que desde Bentham proponen evaluar las acciones humanas basándose en sus consecuencias y en su utilidad, la efectúa Rawls al entender que extienden a la sociedad de forma ilegítima el principio individual de elección, y aunque lo justo y lo bueno son complementarios, la primacía de lo justo radica en la distinción filosófica moderna entre hombre y ciudadano. Para Feuerbach la felicidad no era el fin del ciudadano sino del hombre, el fin del ciudadano es la justicia, de ahí que es en el mundo ético-político donde la justicia tiene prioridad sobre el bien.

 

 

 

 

 

domingo, 25 de abril de 2021

¿ECHAMOS A SUERTE LOS CARGOS?

 

         

 

Cuando Einstein negó que Dios tentara a la suerte con relación al universo: "Dios no juega a los dados", no nos estaba dando muestras de creencias en divinidades, en el destino, o rechazara la teoría de la evolución de Darwin. "La mecánica cuántica es realmente imponente. Pero una voz interior me dice que aún no es la buena. La teoría dice mucho, pero no nos aproxima realmente al secreto del 'viejo'. Yo, en cualquier caso, estoy convencido de que Él no tira dados". Esa es la cita original en la que Einstein emplea la metáfora para realizar una crítica a la entonces incipiente mecánica cuántica que el físico alemán rechazaba, el principio de incertidumbre de Heisenberg era demasiado aleatorio de quien se refería al universo como a "Dios".

La crisis actual de las democracias occidentales, sin valorar otras regiones del mundo con problemáticas distintas, descansa en factores como la alta abstención en las elecciones, la falta de participación en las organizaciones políticas o sindicales, en el deterioro de la imagen y confianza en los representantes políticos y en otros motivos que requieren un análisis profundo. David Van Reybrouck en su libro Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia, denomina a toda esta problemática «el síndrome de fatiga democrática», proponiendo el sorteo en la elección de cargos públicos como medida superadora de la situación y posicionándose en la misma línea los profesores de ciencias políticas Nicholas Tampio e Yves Sintomer, el profesor de filosofía política Alexander Guerrero o el investigador de teoría política Oliver Dowlen, entre otros.

Sabemos que el sorteo no es algo novedoso para elegir a los actores políticos, en la democracia ateniense la lotería era una forma de seleccionar determinados cargos públicos, como ya nos describió Aristóteles, era la llamada demarquía o estococracia, o en términos más usados en nuestra lengua la insaculación o lotocracia. La elección de funcionarios políticos en la Italia de finales de la Edad Media y principios del Renacimiento también utilizó el sorteo, o más recientemente, las Asambleas de Ciudadanos en los Países Bajos para reformar la ley electoral.

Sabemos que los griegos atribuían la suerte en el campo de batalla a un orden superior que se ponía de manifiesto con la victoria, derivándose la legitimidad del poder en ese orden, la misma que tenía el azar en la selección de cargos públicos. Esa idea de orden trascendente que la política busca instaurar, hoy día totalmente desaparecida, resulta el mayor impedimento para recuperar el sorteo como forma de selección. Quienes proponen el sorteo como forma de superar algunas deficiencias de la democracia representativa, deberían tener en cuenta que ya no vemos la política como una tarea que busca instaurar un orden trascendente, desde el siglo XVII, la política tiene como objeto la certeza y la seguridad, no el orden, y difícilmente tiene cabida el azar o lo aleatorio.

En contra, se puede decir que practicando el sorteo puede resurgir esa manera de ver la política convirtiéndolo así, en una forma de recuperar la vieja libertad política clásica, pero defender el azar como fuente de legitimación del poder puede resultar más complicado de lo que en apariencia parece. Si ganar las elecciones es cuestión de suerte, porque las personas que se presentan están ocupando esos puestos debido al azar, dónde queda el mérito.

Maquiavelo resolvía el problema estableciendo un equilibrio entre ambos, mitad fortuna y mitad mérito o virtud, pero siendo contingente el lugar donde nacemos, la época, la educación o la genética, el mérito puede ser poco valorado al ser el resultado de muchos factores sobre los que apenas intervenimos, e incluso, aun alcanzando el éxito debido a nuestro talento, debemos considerar que nuestra inteligencia no deja de ser fruto del azar. Podemos decir que cuando en la consecución de un logro interviene la suerte, se reduce considerablemente nuestro esfuerzo personal.

Vemos como el azar en política plantea problemas de legitimidad porque el ganador de unas elecciones, o quien ostenta el poder debido a la suerte, no tiene mayor derecho a hacer uso de ese poder del que tenía antes de que la diosa romana Fortuna, transformada por el cristianismo en Providencia, le tocara antes de ser elegido. Y cuando las relaciones propias del poder de mando y obediencia obtienen la legitimación del resultado de las urnas sobre candidatos elegidos providencialmente, se tambalean los cimientos sobre los que están asentadas nuestras democracias. Quizás lo que está en duda no es nuestro sistema de elección de representantes, sino el propio sistema democrático en sí.   

José Luis Moreno Pestaña, uno de los filósofos políticos españoles más innovadores, en su libro Los pocos y los mejores, critica que el concepto marxista de fetichismo de la mercancía, relaciones entre objeto (dinero-mercancías) y no entre personas, ha lastrado la actividad política frente al valor político, siendo un claro defensor del sorteo como herramienta para profundizar la calidad de nuestras democracias.

La falta de trayectoria política o sindical en muchos de los políticos actuales, mayoritariamente funcionarios públicos con tiempo para dedicar a la cosa pública e incapaces de gestionar nada, es la crítica más severa que hace Moreno Pestaña a quienes en mayor proporción ocupan hoy día los parlamentos europeos. La división del conocimiento entre el experto, propio de unos pocos, y el que se adquiere por la familiarización o la práctica, deseable en el común de los ciudadanos, es el que divide igualmente la introducción o no del sorteo como medida de elección de los cargos, porque en la actualidad "Los partidos políticos son organizaciones de promoción empresarial de la actividad política".

La razón que le asiste en la consecución de un conocimiento básico, generalizado, operativo y democrático de la ciudadanía para la gestión de la res publica, choca con la fría realidad, pudiendo ser un primer paso la introducción de esta forma de elección de cargos en los estratos más básicos de los partidos políticos, siquiera en los cargos orgánicos.

¡Por cierto!, Einstein se equivocó radicalmente con la mecánica cuántica, parece ser que Dios tiene algo de ludópata.

 

 

 

domingo, 18 de abril de 2021

LA PRAXIS ANARQUISTA

 


A los ojos de observadores superficiales, nunca hubo en la historia política una paradoja tan grande como la que sucedió durante la guerra civil española cuando cuatro prestigiosos anarquistas aceptaron, no sin presiones e incluso dudas personales, ocupar los cargos de ministros del gobierno de la II República: Federica Montseny, ministra de Sanidad, Juan Peiró, ministro de Trabajo, Juan López, ministro de Comercio y Juan García, ministro de Interior, contravinieron la máxima de todo ortodoxo anarquista que se precie: el no gobernar bajo ningún concepto, ni tan siquiera cuando lo que se estaba intentando era recuperar el gobierno constitucional, olvidando poner en práctica innovadores proyectos de aquella época como la ley de parejas de hecho, la de adopción, exenciones penales, uso de pisos desocupados, alquileres protegidos o comedores sociales, son propuestas que hoy en día a algunos les parecen novedosas.

Se han perdido muchos años en hacer avanzar la sociedad por dogmatismos hieráticos y dando por hecho que hay determinadas opiniones que no deben sucumbir a los resultados prácticos por muy loables que sean. Aparece de nuevo la posible crítica de una actuación utilitarista como freno a intentos de progreso y bienestar social compartido, y con ello, todos los ataques que especialmente Stuart Mill ha recibido por establecer como único criterio moral la felicidad, que por otra parte es “el criterio”, con la trascendente salvedad que los medios son también elementos integrantes del fin, pero dicho esto, quisiera centrarme por su condición de mujer en una ministra que no lo quería ser: Federica Montseny.

Federica nació en Madrid en 1905 y, como ella misma indicó, fue “una figura conocida en la CNT a causa de la gira de conferencias y mítines realizados, sobre todo después de la proclamación de la República”, se consideraba una feminista cuando en realidad no aceptaba las premisas del feminismo activo: “... ¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! …”, el voto para la mujer le parecía abominable (asunto que merece análisis propio), el amor libre lo consideraba materialista, la maternidad le parecía trascendental en la mujer, en definitiva, lo que venía a destacar con todo ello es que cuando el hombre fuera liberado de todas sus ataduras sociales, también lo sería la mujer, así entendía ella ser feminista. Pero, con igual singularidad, analizaba lo que había ocurrido en Rusia con el marxismo, hablaba de este país como mísero, hambriento y desprovisto de la construcción íntima de principios morales y espirituales, de aquello en lo que España estaba más evolucionada, el comunismo solo satisfacía necesidades primitivas del cuerpo.

Vemos pues, como destacadas figuras anarquistas han intentado llevar a la práctica ideas que otros tildaban de utópicas. Federica escribió: “... Desde el punto de vista de las ideas, el anarquismo no tiene nada que rectificar (…) Pueden y deben, eso sí, esforzarse en extender su radio de acción y de influencia entre todas las clases de la sociedad (…) ampliando sus métodos y dando multiplicidad a sus tácticas, organizando su enorme fuerza espiritual y trabajando con la psicología de las multitudes. Al lado del filósofo, del revolucionario, del místico, del vengador, del militante obrero, han de crearse y adquirir fuerza y desarrollo la figura humana del organizador y la personalidad colectiva de la organización …”.

Hay voces que desde visiones libertarias no ven en el “organizador” un ser erradicable, tirano y déspota por condición, sino que pueden existir personas que solidarias y con innatas virtudes organizativas modelen sociedades bajo el control de los demás, siempre sometidas a los rigores propios de sistemas de mayorías y siempre con valores críticos, fruto de la educación como elemento trascendental en una sociedad de futuro.

De entre los movimientos anarquistas el anarcocapitalismo fue un serio intento de praxis política, como una de las pocas corrientes que han pretendido plasmar su pensamientos con la puesta en práctica de sus teorías y, aunque la corriente como tal toma carta de naturaleza en periodos recientes, sistemas con ideas parecidas han subsistido anteriormente, así la Irlanda céltica (650-1650) era una sociedad donde los tribunales y la ley eran en gran medida libertarios y operaban formalmente sin un Estado. Esta sociedad persistió durante aproximadamente un millar de años, hasta la conquista brutal por parte de Inglaterra en el siglo XVII, y a diferencia de otras tribus primitivas similares en su funcionamiento como los ibos en África Occidental, la Irlanda preconquistada no fue en modo alguno una sociedad “primitiva”: era una sociedad muy compleja que fue, durante siglos, la más avanzada, más estudiosa y más civilizada de todas en Europa Occidental, se escribió de ella que “No había legislador, ni oficiales de justicia, ni policía, ni aplicación pública de la justicia … No había rastro de justicia administrada por el Estado”.

El anterior caso no fue aislado y se podría hablar con igual interés de Rhode Island (1636-1648) donde el religioso Roger Williams fundó Providence que lejos del puritanismo de otras congregaciones estableció una convivencia basada en la toma de decisiones comunes. Albemarle en la actual Carolina del Norte con una sociedad cuasianarquista, Santo Experimento (los cuáqueros) en Pennsylvania, el llamado Lejano Oeste Americano con unas leyes definidas por las costumbres locales y del que las películas han hecho de él un lugar regido por la violencia, lejos de la realidad y de los índices de delincuencia inferiores a los del “civilizado” Este. Por último, el curioso ejemplo de Laissez Faire City, intento fallido de construir un país con una sociedad anarcocapitalista donde Hong Kong era una guía y que, cuando fracasó, algunos miembros se trasladaron a Costa Rica, donde el Estado es relativamente débil, no hay ejército permanente y la interferencia de los poderes públicos se puede “comprar”. Vemos que otras sociedades son posibles, lo difícil es mantenerlas.

 

domingo, 11 de abril de 2021

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA: DEL MITO AL LOGOS

 

       

La historiografía positivista, con Augusto Comte como su mayor representante, no se preguntaba el porqué de la existencia humana como naturaleza, sino el cómo, la manera en que se producen los fenómenos y en qué circunstancias y con qué frecuencia se presentan. Metodológicamente, el instrumental utilizado es el saber científico de la razón, y su origen se remonta a la antigua Grecia, al paso del mito al logos.

Los primeros historiadores de la filosofía se dieron cuenta que la existencia de determinados temas se repetía a lo largo de todo el pensamiento griego: el hombre, la naturaleza, la justicia, etc. Si bien, ya desde entonces, se distinguió una primera reflexión cosmológica de otra posterior antropológica, de igual manera que los lenguajes presocráticos eran distintos de las categorizaciones que generaron la sofística o el platonismo. La respuesta positivista fue interpretar estos fenómenos bajo una respuesta común, un modelo de interpretación, el esquema del progreso: de la irracionalidad del mito hasta la conquista de la racionalidad “von Mythos zum Logos” según expresión de Wilhelm Nestle.

El siempre recordado y añorado profesor de filosofía Quintín Racionero, decía que dos son los criterios manejados para este tránsito tan determinante en nuestra cultura occidental y causantes del afloramiento de la razón frente a la progresiva desaparición de la irracionalidad. Uno es el dominio técnico de un instrumental lógico y cognitivo plenamente racionales, del que nos hablaba Wilhem Capelle, es decir, los mecanismos de la lógica o los mecanismos del conocimiento científico o filosófico.

El segundo criterio, que podrían representar Burnet o J. Behrnardt, es el principio de desacralización, si el mito representa una forma de pensar religiosa, la filosofía alude este tipo de explicaciones, eliminando la apelación a los dioses para pasar a un saber, dominio único de la razón humana.

Es el paso de la cosmogonía a la cosmología, y de ésta, a la reflexión acerca del hombre: la filosofía nace con la Razón y logra su autonomía conforme al doble proceso de la sacralización del saber y de la afloración del instrumental técnico-cognitivo adecuado.

No debe ser interpretado lo expuesto como la existencia de un mundo primitivo con razonamientos infantiles o de sinrazón, frente al surgimiento de una razón per se, de la razón humana en sí, porque el mito no representaba en la Antigüedad un conocimiento al margen de la razón, sino de un conocimiento distinto de la razón, donde filósofos como Platón acudían al mismo como vía de explicaciones racionales, o como Aristóteles, que veía una comunidad temática entre la filosofía y el mito.

Hoy en día, no sabemos como se pudo generar la información codificada en el ADN de la primera célula autorreplicante, la ciencia sabe como funciona, pero para determinar la forma en que surgió y en la que se replica debe existir una explicación más coherente que dejarlo a la fe. La célula es un organismo complejo, han pasado más de 800.000 años para que el cerebro del homo erectus pudiese elaborar algunos pensamientos estructurados, y más de 120.000 para la aparición del homo sapiens, nuestros ancestros, pues bien, debieron pasar millones de años de evolución para lograrse la asociación celular que formase los organismos más complejos. El mito, a pesar de desaparecer como explicación generalizada y sustituida por la razón lógica, sigue presente en explicaciones irracionales que seguimos sufriendo.

domingo, 4 de abril de 2021

CIENCIA Y FILOSOFIA: CLASIFICACION DE LAS CIENCIAS

     


La clasificación de las ciencias ha sido algo abordado por la filosofía desde siempre y no debemos reducir este interés a considerarlo una muestra de posición superior o preeminencia sobre el resto de ciencias, sino una necesidad de delimitar los límites del pensamiento humano. Kant ya apuntó que todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo él procede de la misma, es el problema epistemológico de los límites de la razón al margen de todo utilitarismo enciclopédico.

Aristóteles en el siglo IV a.e.c. las dividía en ciencias poéticas, donde incluía la poesía y la retórica, ciencias prácticas, donde estaban la ética, la política y la economía, y ciencias teóricas, donde incluía las matemáticas, la filosofía primera (teología y metafísica) y la filosofía segunda (física). Esta era la episteme griega donde ciencia y filosofía se identificaban y cubrían todo el saber existente en una época donde el filósofo era físico, matemático, astrónomo y teólogo.

En la Edad Media se establecieron 7 artes liberales (de los hombres libres), divididas en dos secciones: la del lenguaje, conocida como el trivium y compuesta por la gramática, la retórica y la dialéctica, y la sección de las matemáticas, el quadrivium, compuesta por la aritmética, la geometría, la astronomía y la música, clasificación ésta que señalaba el conocimiento como un “don divino”, una idea que perduró durante siglos y que tardó en ser eliminada.

Ya con Francis Bacon (1561-1626) se relacionan las disciplinas con las facultades humanas y así, la memoria es relacionada con la historia, la imaginación con la poesía, la literatura y el arte, y finalmente, la facultad de la razón, como lo propio de la filosofía, la teología y la cosmología. Pero es con La Gran Enciclopedia de 1751 donde Diderot y D´Alambert rompen definitivamente con la ortodoxia cognitiva del medievo y en un entorno ilustrado intentan ordenar las ciencias desde la luz del conocimiento dividiéndolas en tres grandes bloques: ciencias de la historia, ciencias del hombre y ciencias de la naturaleza, subdividas cada una de ellas en distintas disciplinas y eliminando la frontera entre lo cognoscible e incognoscible.

El positivista Comte (1798-1857) ordena las ciencias a partir de la pérdida de características propias de un tronco metafísico común y así la pérdida de las categorías mágicas de los números conforma la astronomía, la emancipación de la astrología forma la física, la química se desprende de su comunión con la alquimia y la sociología deja las utopías filosóficas y de la metafísica social, lo que nos lleva a institucionalizar la ciencia positiva como lo propio que fomenta el progreso y el bienestar en el plano social y la difusión del método científico. Desde la lógica filosófica la clasificación de las ciencias persigue fundamentar sus relaciones de orden superior y de subordinación, así como las propias de coordinación dentro de cada una y todo ello, desde un contexto temporal determinado fuera del cual pierden su operatividad.

Desde el marxismo se jerarquizaron las ciencias desde la primacía de la dialéctica, como aquella que globalizaba a las ciencias particulares y así Kedrov y Spirkin las clasifican en ciencias filosóficas, matemáticas, naturales y técnicas y por último, las ciencias sociales, siendo una división que alcanzó su máxima difusión a mediados del siglo XX, periodo en el que Jean Piaget (1896-1980) funda la epistemología genética, donde se estudia el paso de estados de un menor conocimiento a estados más avanzados en una estructura circular que partiendo de la lógica y las matemáticas, pasando por la ciencias físicas, las biológicas y las psicosociales llegaríamos nuevamente a las ciencias formales, esta vez, en un mayor grado de validez cognoscitivo.

En la actualidad no solo desde la filosofía se trata el tema de la clasificación de las ciencias: técnicas de manejo de la información, disciplinas relacionadas con la bibliotecología o representaciones temáticas de la información afrontan este tema desde una visión más cuantitativa que epistemológica, por lo que el enfoque filosófico sigue teniendo plena vigencia.

 

 

 

 

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA, ¿SUMA O LASTRA?

                Estas reflexiones políticas que propongo, ajenas a la inteligencia artificial y próximas a la natural, ya sean del interés c...